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Política

¿Por qué Moreno? - ¡El factor Cobos!

Fecha de publicación: 19 agosto, 2008

¿Por qué Cristina Kirchner no remueve a Guillermo Moreno de su cargo?.
“...l kirchnerismo no debería desdeñar estas innovaciones políticas del señor vicepresidente…”

¿Por qué Moreno?

¿Por qué Cristina Kirchner no remueve a Guillermo Moreno de su cargo?La pregunta merece ser planteada porque la permanencia del funcionario parece imposible de ser comprendida, en una primera mirada, en términos de “racionalidad política” (en el sentido restringido de este concepto). Moreno es un blanco permanente de críticas por parte de los medios de comunicación y parece contar con el rechazo generalizado de la opinión pública de clase media. Su sola existencia dentro del gobierno parece ofrecer una excusa permanente para el ataque, mientras que su remoción podría permitir cierta oxigenación en la sumamente deteriorada relación del gobierno con las clases medias y los medios de comunicación. Cabe por ello arriesgar algunas hipótesis respecto de por qué ello no ocurre:

-El gobierno considera que la remoción de Moreno mostraría debilidad. En ese sentido, ceder ante los medios de comunicación no mejoraría la relación con la opinión pública sino que solo pondría en evidencia cierta endeblez frente a sectores a los que, en principio, no se intenta seducir (tarea que se percibe como imposible).

-En el gobierno prima la ideología por sobre la estrategia coyuntural. Ello implica que ciertas decisiones que no se consideran “justas” o “razonables” son rechazadas aunque las mismas impliquen réditos políticos en términos de gobernabilidad. A partir de ello, los reclamos de la clase media y los medios de comunicación pueden ser percibidos como expresión de la resistencia de ciertos sectores reaccionarios a la política progresista del gobierno. Luchar contra dicha resistencia sería entonces parte de la lucha ideológica emprendida por los Kirchner.

-Moreno es un funcionario de extrema confianza para los Kirchner. A partir de ello, se evalúa que contar con sus servicios supera los costos de sobrellevar su imagen negativa.

En cualquier caso, habrá que evaluar los réditos que la “estrategia del mantenimiento” le viene aportando al gobierno y al país, para establecer la razonabilidad de la misma.

¡El factor Cobos!
Antonio Camou

En una película prehistórica de cuyo nombre no puedo acordarme, Alec Guinnes es el jefe de una banda de ladrones que la noche previa a un atraco revisa con sus secuaces los pasos que van a dar. Después de repasar cada uno de los movimientos minuciosamente programados, exclama con dudosa satisfacción: “el plan es perfecto; lo único que puede fallar es el factor humano”.

Corrido de la UCR por su decisión de sumarse a la fórmula kirchnerista, ilustre desconocido para la gran mayoría de la sociedad, y ubicado por el gobierno en la estratégica función de adorno institucional, Julio Cleto Cobos aprovechó la crisis del campo para inventarse un espacio político que no tenía, y que nadie pensaba darle. De rebote, puso en evidencia una desatendida regla de la política argentina: “hay que elegir con mucho cuidado al señor de la campanita”. Al fin y al cabo, buena parte de los cimbronazos vividos en la última década y media tuvieron como protagonistas a las dos mitades del binomio presidencial: primero fue la imposible cohabitación entre Menem y Duhalde, luego la estruendosa renuncia de Chacho Alvarez, y ahora el angustioso voto negativo de este “radical K”, devenido en inesperado partero de la historia.

Sin saber si está viviendo el final de una farsa, o el comienzo de una tragedia, el mediático vicepresidente observa desde la ventana de su casa cómo algunos radicales que anteayer lo consideraban un traidor, hoy han empezado a mirarlo con cariño; y los mismos peronistas que antes le daban una cálida bienvenida a su nuevo hogar político, ahora se estorban para pegarle. No hay caso, debe pensar, acá la gente es muy inconstante.

Ciertamente, Cobos ya se ganó un lugar en la memoria colectiva por su agónico e inesperado desempate en la madrugada del 17 de julio, pero su verdadera creación política corre el riesgo de pasar inadvertida. Me refiero al espacio de diálogo que abrió, desde su precaria posición de poder, con diferentes sectores del país que eran olímpicamente ignorados por el gobierno de los Kirchner. De paso, también le ganó de mano por unas horas a la Presidenta de la Nación, cuando anticipó la jugada de mandar la Resolución 125 para ser debatida en el Parlamento.

Si lograra aplacar el odio que lo carcome, el kirchnerismo no debería desdeñar estas innovaciones políticas del señor vicepresidente. Como bien se ha dicho en estos días, la derrota en el Senado le ha dado al gobierno una nueva oportunidad, que conlleva en partes iguales riesgos de encerrarse en peligrosas obsesiones aislacionistas, o posibilidades de “cambiar dentro de la continuidad”.

En ese cuadro, tal vez la mayor amenaza para la administración K no provenga, al menos por ahora, de una oposición todavía dispersa. Más bien, el mayor riesgo está en que ese espacio inaugurado por el vicepresidente empiece a ser ocupado, de manera más o menos caótica, por importantes referentes justicialistas que ya han comenzado a hacer fila con dirección al 2009, y sobre todo, al 2011. Por eso, el acuerdo con diferentes sectores sociales no sólo es una necesidad estratégica del gobierno para enfrentar una serie de graves problemas socioeconómicos, también es un urgente requerimiento táctico para bloquear el surgimiento de nuevos y aguerridos competidores por el poder. En este punto es donde asoma, creo, un dilema de hierro: o bien el gobierno empieza a ocupar de manera creíble el espacio político que abrió Cobos, o ese lugar va a empezar a poblarse con ambiciosas astillas del mejor palo peronista.

Mientras tanto, desde su Mendoza natal, Julio Cleto Cobos atisba el horizonte con una rara mezcla de angustia y esperanza. En noches de pesadilla debe verse perseguido por desaforados militantes kirchneristas, arrebatados por la idea de explicarle en carne propia por qué se sienten un tanto defraudados. Pero en amaneceres entusiastas, vagamente alucinado, recupera el mismo ánimo que lo llevó a saltar a los brazos de la ex Primera Dama, y quizá hasta se ilusione pensando que aún lo aguarda un futuro glorioso.

Después de todo, la política argentina es muy rara, y el kirchnerismo es capaz de cualquier sorpresa: quién te dice que no termine siendo candidato a Gobernador de la Provincia de Buenos Aires.

La Plata, 19 de julio de 2008.

Última modificación: 19 de agosto de 2008 a las 11:08
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